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GUSTAVO MARCELO GALLIANO

ALGUIEN OBSERVANDO
Te he observado espiar tras las cortinas,
con la mirada perdida en algún horizonte,
devorando a otras gentes tan indiferentes
que machacan veredas sólo por costumbre.
He notado la inquietud de tus pupilas,
con manos crispadas por tanta impotencia,
y un suspiro profundo empañó los cristales,
sin poder destruirlos como hubieras deseado.
Te he visto observar desde tu fortaleza,
con frente sudorosa y aspecto cansino,
bebiendo la brisa que obsequia la noche,
sin penas ni glorias, solo por destino.
He descifrado de pronto tus dudas y temores,
náufrago del llanto que abraza la impaciencia,
soñando una isla sin tesoros ni puertos,
y miles de gaviotas de incesante vuelo.
Te he visto observar hacia mi ventana,
papel y lápiz en mano, escribiéndome algo,
y dudé entonces si en verdad existías
o un gigantesco espejo pendía del cielo.
REINA GRIS EN CIUDAD CREPÚSCULO
Reina Gris gobierna,
Ciudad Crepúsculo observa,
la miel, la mies, la piel,
todo ofrendado a ella.
Baila Reina Gris,
baila decadencia,
que hoy tu infiel estirpe
al fin ya no procrea.
Ríe Reina Gris,
sin bufones ni Corte,
la suciedad de tu reino
sentenciando te absorbe.
Ríe Reina Gris,
ríe y alecciona,
que en tu reír bastardo,
la urbe no da loas.
Jadea Reina Gris,
revuélcate en tu odio,
que el carrusel del olvido
no gravará tu historia.
Estalla Reina Gris,
propagadora del mal ,
en tu paso pestilente,
de catadora seminal.
Solloza Reina Gris,
nosotros lo imploramos,
esclavos de tu lujuria,
esclavos por debilidad.
Resígnate Reina Gris,
sin súbditos ni huestes,
nosotros, tus burlados,
reiremos de tu suerte.
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© Gustavo Marcelo Galliano es un escritor nacido en Gödeken (Santa Fe, Argentina) y residente en Rosario (Santa Fe, Argentina). Docente e Investigador Universitario, también ha incursionado en el campo de las letras. Ha sido seleccionado para participar en numerosas Antologías Literarias y sus escritos se han publicado en prestigiosas revistas literarias nacionales e internacionales, tales como fueran publicados por la Revista Culturade Veracruz (México), por El País Literario (España), por Revista Sinalefa (New York), por Revista Diez Dedos (Tuluá, Colombia) y por La Zorra y el Cuervo (Washington), entre otras publicaciones. En formato digital está incluido en una gran cantidad de revistas, llegando a más de veinte países, recibiendo muy buenas críticas, que elogian su particular estilo de escritura. Ha obtenido importantes premios literarios internacionales, tanto en género Poesía, como en Narrativa y Cuento Breve.
SANTIAGO BAO
Selección de poemas del libro Despliegues, seleccionado para su edición
por el Fondo Editorial Rionegrino (Argentina), 2007

INSISTENCIAS
Sueño contra los muros,
con insistencia sueño.
En el faro de arena,
contra la noche,
sueño.
En medio del silencio,
por lo que fue y no fue,
sueño.
Me bastan los desperdicios
del tiempo para soñar
y sueño.
Transformo los vértices
en límpidos espacios,
las fugas desoladas
en casas amistosas.
A veces,
por las grietas del sueño
la noche se filtra
e instala la espera,
tal vez, la turbia llegada del destino;
pero también, a veces,
los resquicios del muro
dejan pasar las luces,
las del otro lado del sueño,
las que seguirán soñando
cuando ya no estemos.
PARAÍSO MODESTO
A veces, sueño
con mi pequeño paraíso:
voy por un sendero
en el campo,
en la lejanía:
arboledas y niebla,
mientras la mañana
se suspende en la inquietud
placentera de aguardar al sol
y a los amigos queridos
para reunirnos
alrededor de la mesa
en la casa situada
en la campiña.
DESPRENDIMIENTOS
Manos que quedarán detrás de los acontecimientos,
puertas que nunca más abriremos,
cuadros que quedarán torcidos,
esquinas a las que no regresaremos,
zapatos debajo de la cama,
las pelusas del tiempo
arrinconadas en los cajones con ropas
de destino incierto.
Espejos extraños a nuestra imagen,
una carta inconclusa,
esa canilla que estaba goteando.
Los envejecidos diarios de hoy.
Hace tiempo se multiplican las sillas
en las que no volveremos a sentarnos,
rostros, objetos que ya no tocaremos,
un barrio, una casa
a los que será imposible regresar.
DESAPARECER
Tu vida se acabará en tu muerte, no para ti: para ti
se acabó en tu vida. Antonio Porchia |
Primero, los libros
se cubrirán de polvo,
después, algunas cartas
irán sin querer a la basura,
las fotografías se disiparán
en la oscuridad de los cajones;
más tarde, su nombre
se mencionará casualmente,
casi sin emoción,
como en un sueño
sus lugares se cubrirán
con las ruinas del verdín,
finalmente, nadie recordará
el día en que murió.
LLUVIAS
Desde el corazón profundo de la noche,
llueve.
Como una ceremonia
para restaurar tanta distancia.
Tu pelo resbala hacia quién sabe
qué ocultos horizontes.
Llueve sobre la piedra
y nuestros cuerpos
que atraviesan
la intemporal nostalgia del mañana.
Transcurre el agua por tu rostro
que ahora se parece
más a sí mismo que nunca.
Tus ojos ríen
sobre mi encantamiento.
¿Qué edad podrá tener este instante?
La humedad se pega a la espalda.
Desde las verjas y los muros
chorrea el gris de la ciudad
sobre la gente agazapada.
Planean sobre los charcos
cambiantes luces.
Entre la lluvia y la tierra,
nosotros,
que atravesamos el momento que no cesa.
La lluvia y nosotros,
solamente.
AGENDA
Incluir a la noche
en las etapas del misterio;
del oro,
investigar las secretas genealogías;
encender la sangre
en un foco de rebeldía;
sentarse hacia la mañana
para comer el pan
de todos los días.
Que la lluvia me moje.
Olvidar los antiguos itinerarios;
incorporar al conocimiento
que todas las cosas son únicas.
Para los días que faltan,
zapatos nuevos.
Hay una zona de mi corazón
que inclina el amor:
invadirla con frecuencia.
No respetar el límite de las sombras.
Soñar,
como hasta ahora.
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© Santiago M. Bao nació el 5 de septiembre de 1936 en San Fernando (Pcia. de Buenos Aires). Estudió Antropología en la Universidad de Buenos Aires, la que debió abandonar en 1976 luego del golpe militar de ese año.
Publicó en libro “Trece poetas” (Bibliograma, Instituto Amigos del Libro, Bs.As, 1967), Antología del Empedrado II y Antología del Empedrado III (Libros del Empedrado, Bs.As. 1997),
“Trabajos Forzados” (poesía) (Libros del Empedrado, Bs. As. 1997);
“Al otro lado” (poesía y prosa) ( Edit. Dunken, Bs. As. 1998;
“En el desvío” (poesía) (L. J. Silver Producciones Literarias, Bs. As. 1999).
“Poesía ácida”, Ediciones El Candirú, Junín, 2002.-(Antología)
“Pendientes” (poesía) (R. Salido), Junín, Bs.As, 2002.
“La máquina nocturna y otros cuentos” (narrativa), (R. Salido), Junín, Bs. As., 2004.
“Memorias del zoo”(poesía) Ediciones Suárez, Mar del Plata, 2005.-
“Despliegues” (poesía y prosa). Premiado por el Fondo Editorial Rionegrino en 1990, editado en 2007.
Poemas premiados y editados en el libro “I poeti del Faro D’Argento (selección Lenguas Extranjeras), Riposto, Italia, 1998; plaquetas: “Los amantes”, (Plaquetas del Herrero, Ed. Radamanto, Villa María, Córdoba, 1998: “Traslados” (Plaquetas del Herrero-Ed. Radamanto, Villa María, Córdoba, 1999 y “Pequeños cantos del río del Este, (Antología), Papirolas Nº 16, Bs. As. 1999.
Ha participado en la III y IV Exposición de Poemas Póster-Academia Iberoamericana de Poesía- Fredericton, NB. Canadá, pertenece a dicha Academia. Ha sido incluido en Antologías de poetas argentinos y latinoamericanos.
Ha colaborado en diversas publicaciones del país y del extranjero. Se encuentran varios textos en distintas revistas virtuales de Internet. Ha merecido cinco premios en poesía y uno en cuento. Posee cuatro libros inéditos.
BEATRIZ SCHAEFER PEÑA

Como si fuera una quimera
se hace visión en su ángel detenido.
Tiene el color tardío con que, a veces,
recordamos los sueños.
Tú eres la presa, la cita de ese instante.
No más el resplandor opacado por la nube
ni el ronronear de las incertidumbres.
Ajeno de la luz,
sólo querrás entrever el precipicio
donde te espera el sello de su abrazo
y el figurado rostro que elegiste
para ponerle una máscara a ese miedo.
Inútil ya tu antiguo interrogante.
Solamente su esfinge y su armadura.
(de Revelaciones y artificios)
No sólo son las sombras
o el color de la sombra.
Hay un río de aromas
que me conduce al sitio de la sangre,
a esa vena propicia
—el manantial oculto que me urge—.
Hay un jardín escondido
en los crepúsculos.
Allí crece la rosa,
la suave mordedura.
(de En la alta noche)
Mi madre fue decapitada;
de esa sangre nací, de esa marea.
Fui un elegido del dios,
un caballo con alas
que no conoció el sudor
ni la derrota,
capaz de llevar sobre la grupa
el peso de la guerra
junto a la levedad de la Belleza.
Fui el que condujo el carro
de la Aurora
entre las sombras
que le abrieron su paso
para siempre.
Hoy, ya sin alas,
tendido en el cielo de la noche,
soy una constelación sobre el rocío.
(Serie Los animales fabulosos.
Cuadernos Grupo Némesis)
Génesis, cap. IV
pesado de odio
cayó en el otro corazón.
Era una piedra roja que golpeaba
y golpeaba
el pecho del hermano.
Derramado silencio
corría por la herida
como un río que fluye
en aguas de otros ríos.
La luz se hizo martirio
y no hubo más ofrendas.
Todo fue sombra desde el remordimiento.
(de El fuego y los vestigios)
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© Beatriz Schaefer Peña nació en Buenos Aires, Capital. Publicó en poesía: Mi jardín tiene estrellas; De ángeles y designios; Revelaciones y artificios; El fuego y los vestigios, primera y segunda. edición-Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, 1998; En la alta noche (2003). Y en narrativa: El cielo prometido y otros cuentos. Figura en las antologías: Muestra de Poesía, Prometeo Siglo XXI, Madrid, España (2005) y Tejedores de Palabras. Asociación Prometeo de Poesía, Madrid, España (2005). Su poesía está traducida al italiano, portugués y catalán.
WALTER IANNELLI

Viste mi costado
Viste mi costado
el que muerde mi talón
rondándote como una bestia herida.
Viste todo porque miraste.
Porque miraste viste
una pequeña fracción del caos
el Aleph
su escozor
su maravillosa inmensidad
su infortunio
esta herrumbre en el fondo de la lata
la pregunta que no tiene respuesta
el hilo que se hace cuerda en el fondo de tu estómago
y te toca el sexo más profundo.
A la hora de toda noche
venís por agua
a la cueva del cazador más peligroso
de la bestia más dolida.
Tu arena de criatura te hace percibir
el peligro en el aire
pero avanzás porque no te queda más remedio.
No serías vos si te quedás en el camino
y preferís seguir siendo
antes de dejar que se adelanten sólo tus espectros
tus sombras.
Te dejo venir
porque me da hambruna tu olor a hembra
tu veneno occipital
tu brillo de saliva
el polvo de estrellas que desprende tu entrepierna.
Te dejo venir porque es mi naturaleza.
A la hora de toda noche
sabés donde estoy
como si fueras vos la fiera.
A la hora de toda noche afilo el hacha
de mis dientes
te mastico antes de matarte
para que cuando muerda
ya no duela.
Te invento en el bosque
como si fueras un mapa
y vos que sabés donde estoy
aún no sabés
que yo no sé
dónde encontrarte.
Los que esperan en Zumatra
Alguien llama a una puerta de Zumatra y nadie atiende.
Alguien sigue llamando a pesar de todo.
Llama con las manos con las aldabas
y con la oscuridad que
le viene de la lluvia
de los búhos.
Alguien llama pero no espera que le abran
porque en Zumatra siempre es tarde
y hay ojos en las paredes que se ríen del que espera.
En Zumatra se bajan las celosías y
los belfos de los caballos exhuman el aire
le dan olor a entierro.
Los pabilos no se protegen
y apenas se reconocen las caras de los amigos.
Entre ellos se miran sin indolencia
y se apiadan mutuamente de sus vidas.
Cuando sale el sol en Zumatra
siempre alguien espera en la puerta de alguien
y las mujeres pasan como correlimos rumbo al mercado.
Ellas aparecen cantando entre dientes
una canción que aprenderán los chicos
y que muy pronto se llevará el viento.
Habrá un ajetreo de puertos y el murmullo de las máquinas
irá creciendo como una nube de mosquitos.
Luego el sol se irá de a poco
y sólo se oirán los últimos silbatos de las fábricas
y los que esperan se incorporarán sobre sus plantas
remendarán sus llagas
y con la primera oscuridad
volverán a golpear las puertas cerradas
para que nadie les abra.
El repasador de Mamá
Mamá hizo pollo al horno y se limpió las manos.
Si la historia del mundo está en la manija de una taza
el universo vive en el repasador de la vieja.
Un choque de Galaxias
un caldo primordial
la representación del total
en un cuadrado de tela.
(¿El ojo de mi hija visto por el Dr. Umpiérrez
a través de una lámpara de hendidura?
¿El ventilador centrífugo que convierte lo chico en lo grande?
¿La piletita centrípeta llevándose las miguitas,
haciendo de lo grande lo chico?
Iguazúes que se comen la ceguera
la luz.
Una gota de sangre que de pronto es la pared roja
donde cuelga tu foto de casamiento.
Un mundo adentro de otro.
El dinosaurio Barney naciendo en el útero de una hormiga.
La ecografía de esa hormiga que pisó la cabeza de Dios).
El repasador de mamá.
Qué grande la vieja.
Poema mínimo para mi sicoanalista
Por ansiedad
gozo
todos los días un poquito
por no poder
o no saber
esperar
el goce completo.
Y entonces algún día moriré
de sobredosis de abstinencia.
El que sabe en Zumatra
Quién podría contestar sino
Yo, que inventé el tiempo
y pedí premura.
Yo, que prohijé
y tuve olvido.
Yo, que construí infinito
y medí el paraíso.
Yo, que hice luz y
propuse infierno.
Yo, que te di instinto
y pedí mesura.
Yo, que no contesto preguntas.
Los lavanderos de Zumatra
Nuestro brillo es matar
mugre contra mugre.
Tanteamos en la oscuridad
desciframos las siglas del detritus
cotidiano.
Traductores eternos de un idioma
vicario de la piel
decantado en ropas.
Un fin de la cadena.
¿Mientras fregamos quién nos mira?
Sanguijuelas en su fiel precipicio
hablando a media voz
por los rincones.
Somos los lavanderos.
Nuestro brillo es matar
gestos
que quedan en la ropa
que se desprenden como hormigas.
Canciones no cantadas
Fantasmas laterales.
La herramienta es la furia
ese tramo de agua del que
ya
nada sabremos.
La tarea
devolver prendas sin restos
de pertenencia.
¿Quién irá a buscar en cloacas
la vida más importante?
¿Quién sino nosotros
pequeños vampiros de urbanidad?
(Nos sigue una horda que blasfema: ¡Por el orto, por el orto!
Pero no hacemos caso).
Nuestro brillo es matar
mugre contra mugre.
En el jabón
encontraremos aliado
para limpiar al mundo de historia
mercaremos camisas limpias
con perfume a olvido.
El trabajo del verdugo
filo contra filo.
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© Walter Iannelli se desempeñó como docente, editor y periodista cultural en la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires y el Centro Cultural Recoleta, entre otros. Dirigió la revista literaria Otras Puertas (1992-1997). Es autor entre otros libros de Zumatra y la mecánica de tu corpiño (poesía), Alguien está esperando (cuentos llevados al cine por Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires), Sanpaku (novela) y Guía para pe(s)cadores (ensayos sobre escritura) y fue premiado por el Régimen a la Producción Literaria Nacional del Fondo Nacional de las Artes en los años 1995, 2000, 2001, 2003 y 2004. Actualmente es el coordinador general de Letras de la Dirección de Arte y Cultura del Municipio de Morón y asesor del portal La Cultura.
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